Madeira, la joya atlántica de Portugal, es un paraíso natural que mezcla montañas, acantilados, levadas (canales de riego convertidos en senderos) y un océano de aguas turquesas. Esta isla portuguesa, conocida como la “perla del Atlántico”, es el destino perfecto para quienes buscan naturaleza, senderismo, gastronomía y buen clima todo el año.
Nosotros la visitamos a finales de octubre y principios de noviembre, una época en la cual la isla luce especialmente mágica: temperaturas suaves (entre 22 y 33 °C) y menos turistas para disfrutar tranquilamente de sus paisajes. Aquí te contamos cómo aprovechar 5 días inolvidables en Madeira.
¿QUÉ VER Y HACER EN MADEIRA EN 5 DÍAS?
Día 1: Funchal, la capital de Madeira
Comienza tu aventura en Funchal, la vibrante capital con alma atlántica. Si quieres conocer un poco más de su historia, te aconsejamos este free tour que dura unas 2 horas.
Y si quieres visitar la ciudad por libre, no te pierdas estos lugares:
1. El casco antiguo (Zona Velha)
Pasea por sus calles empedradas llenas de arte urbano, puertas pintadas y restaurantes con encanto, especialmente en la bohemia y artística Calle Santa María.
Aquí, el Proyecto Arte Portas Abertas ayudó a recuperar antiguas zonas degradadas poniendo un poco de color y arte en las puertas de viviendas, tiendas y restaurantes antiguamente abandonados.
2. Mercado dos Lavradores
El mercado de Funchal se ha convertido en los últimos años en uno de los lugares más visitados de la ciudad. Allí encontrarás un festín de frutas tropicales, flores exóticas, pescados y otros productos locales.
Nosotros no llegamos a verlo porque los dos días que estuvimos en la ciudad eran festivos y estaba cerrado, pero leímos y vimos en redes que se están aprovechando mucho de los turistas, por lo que si quieres probar alguna de las frutas o productos que allí venden, preguntes antes el precio.
3. Teleférico al Monte
Otra de las típicas cosas que puedes hacer en Funchal es subir hasta el barrio de Monte para disfrutar de vistas panorámicas sobre la bahía y visitar los jardines de Monte Palace.
4. Jardines Tropicales Monte Palace
Subas en teleférico o en coche, como hicimos nosotros, estos jardines son uno de los lugares más bonitos de la ciudad.
Allí encontrarás un oasis verde con numerosas especies exóticas, desde bambúes asiáticos hasta camelias de Japón, pero también encontrarás un sinfín de esculturas, lagos, puentes y una enorme sala llena de minerales. La entrada cuesta 18 euros, pero vale la pena.
Subir hasta el Monte Palace no es solo descubrir jardines: también es descubrir vistas espectaculares. Desde varios miradores se puede contemplar la bahía de Funchal, el océano Atlántico y las montañas que abrazan la isla.
5. Los carreiros do Monte
Si subes en teleférico, la mejor opción para bajar, es hacerlo como se hacía antiguamente, en los «carreiros do Monte», las famosas cestas de mimbre que bajan a toda velocidad por las empinadas calles —una experiencia única (eso sí, suele haber cola).
6. Cámara de Lobos
Nosotros terminamos el día visitando Cámara de Lobos, un encantador pueblo pesquero que debe su nombre al hecho de que, en la época del descubrimiento de la isla, allí había un gran número de leones marinos, que hoy recuerdan en el puerto con un bonito mural de arte urbano.

No te pierdas la puesta de sol desde la playa y si te apetece, aprovecha para darte un baño, el agua no está fría al contrario de lo que pensábamos.
Día 2: Senderismo por las levadas y paisajes de cuento
Madeira es un paraíso para los amantes del senderismo. Octubre y principios de noviembre es ideal para disfrutar de sus empinadas montañas y paisajes: clima suave y poca humedad.
Curral das Freiras
Empezamos con la visita a este pueblo que celebra la fiesta de la castaña el primer fin de semana de noviembre.
Se encuentra en una ubicación única, un profundo valle que se asemeja al cráter de un volcán, que hace de la parroquia de Curral das Freiras uno de los lugares más pintorescos de la isla de Madeira.
Su entorno está marcado por la imponente presencia de los picos de las montañas que protegen el pueblo, que nos recordaron a La Masca, en la isla de Tenerife.
El lugar debe su nombre a las monjas del convento de Santa Clara que, en 1566, encontraron aquí el refugio ideal para esconderse durante los ataques de los piratas en Funchal.
Museo del plátano
Antes de comenzar nuestra ruta, hicimos una parada en el BAM, el Museo del Plátano de Madeira, en Ponta do Sol, para explorar la historia, el cultivo y la importancia económica del plátano en la isla.
Es un museo de experiencias inmersivas, campos de plantación experimentales y productos únicos derivados del plátano. Al terminar la visita puedes comer uno en el bar, y probar también el resto de productos que ofrecen, estos ya van a parte.

El precio nos pareció un poco caro (9 euros) ya que esperábamos una visita guiada, pero puedes hacer todas las preguntas que quieras y hay un montón de información en los paneles y videos explicativos.
¿Sabías que Madeira es uno de los lugares de más producción de plátano en Europa? En el mueso tienen hasta 15 variedades diferentes.
Levada dos 25 Fontes y Risco (Rabaçal)
La siguiente parada fue la popular Levada das 25 Fontes una caminata de 4,3 de nivel medio que se suele hacer en unas 3 horas por bosques de laurisilva, cascadas y vegetación densa.
La Levada das 25 Fontes comienza en la carretera regional 105, en Rabaçal, y es una de las caminatas más populares entre turistas y lugareños.
El primer tramo es por carretera, pero al ser tan popular, mucha gente coge el autobús desde la zona de aparcamiento hasta el inicio del sendero. Es una ruta muy bonita y termina en una espectacular cascada.
Nosotros no llegamos a Risco, porque el sendero estaba tan lleno de gente que restaba encanto a la ruta. Por lo que, si lo que te gusta es pasear tranquilamente en la naturaleza, te aconsejamos hacer cualquier otra levada.
Porto Moniz
Porto Moniz, famoso por sus piscinas naturales de lava, perfectas para un baño relajante, fue nuestra última parada del día y donde hicimos noche.
Está situado en el extremo norte de la isla de Madeira y es una parada obligada. La belleza de sus piscinas de lava junto con la altitud de sus montañas y la majestuosidad de sus bosques, hacen de él un lugar único.
Día 3: Costa norte y pueblos con encanto
Este día lo dedicamos a recorrer la costa norte, la parte más salvaje y auténtica de la isla.
Comenzamos viendo el espectacular amanecer en Porto Moniz y después de desayunar nos acercamos a Ribeira da Janela, donde fluye el curso de agua con el mismo nombre. Es el arroyo más largo y abundante que se forma en el interior de la isla de Madeira, en medio de las montañas y después de atravesar los montes de Madeira, desemboca en este punto en el Océano Atlántico.
Precisamente de la desembocadura del río toma su nombre. Cerca de la costa se encuentran los famosos islotes de Ribeira da Janela, compuestos por impresionantes formaciones rocosas que marcan el paisaje, atrayendo a fotógrafos y turistas para sacar la mítica foto de la abertura en la parte superior de la roca de uno de los promontorios que se asemeja a una ventana, o como dirían los autóctonos, una janela.
Fanal
Fanal es famoso por su espectacular bosque de tilos, que junto con la laguna y los prados pintados de vacas tranquilamente pastando confiere a este espacio una atmósfera mística inigualable.

Aquí también había bastante gente en el aparcamiento, pero el espacio es grande y por lo que recomendamos totalmente pasear por este centenario bosque de tilos (Ocotea foetens), donde algunos ejemplares datan de antes del descubrimiento de la isla de Madeira.
Nosotros dejamos el coche en otra zona de parking más abajo y tomamos el sendero de bicis para acercarnos hasta allí.
Nuestra intención era hacer el sendero PR14 e ir por esta magnífica levada entre el bosque de laurisilva, consagrado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1999, uno de los tesoros naturales más sagrados y protegidos de Madeira, pero como ya habíamos hecho el PR13 y empezaba a hacer calor, decidimos acercarnos más para luego darnos un baño en Seixal.
Seixal
En la costa norte de la isla de Madeira se encuentra uno de los lugares más bonitos de Madeira, la playa de Porto de Abrigo do Seixal, también conocida simplemente como playa de Seixal, es una auténtica postal: una tranquila playa de arena negra bañada por el Atlántico con una pequeña cascada, protegida por enormes acantilados y montañas verdes.

Esta playa cuenta con buenos accesos, duchas, un bar y la posibilidad de alquilar kayaks. También es un lugar popular durante todo el año para practicar deportes acuáticos como surf, bodyboard, kayak o paddle surf.
Además en el pueblo hay unas piscinas naturales no te puedes perder.
São Vicente
Continuamos la tarde acercándonos hasta la capilla de São Vicente, muy fotogénica y desde la que, después de subir una empinada cuesta y unas cuantas escaleras, se puede disfrutar de fantásticas vistas hacia la costa, con acantilados y paisajes que parecen sacados de una postal.
Santana
Terminamos lo que quedaba de tarde y esperamos hasta el anochecer en Santana, un precioso pueblo famoso por sus casas tradicionales con tejados de paja en forma triangular, símbolo de este municipio de la costa norte de Madeira.

Sus casas típicas de gran belleza y con ese estilo arquitectónico único son un reflejo del aislamiento de esta localidad, a la que durante mucho tiempo fue difícil llegar por tierra y por mar. La preservación de rasgos culturales únicos, se ha convertido en un patrimonio de enorme valor para este municipio, y por eso, en 2011, Santana fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO.
Sin duda, una de las visitas obligatorias de la isla y que pudimos disfrutar tranquilamente puesto que a esa hora sólo había alguna que otra persona que vivía o hacía noche allí.
Día 4: El corazón montañoso – Pico do Arieiro y Pico Ruivo
Prepárate para una jornada de altura (literalmente). Uno de los imprescindibles de Madeira es la ruta entre los dos picos más altos de la isla.
- Ruta Pico do Arieiro – Pico Ruivo: una de las caminatas más impresionantes de Europa, entre picos y nubes.
- Dificultad: media/alta
- Duración: unas 6–7 horas ida y vuelta
- Si prefieres algo más relajado, puedes subir solo al mirador del Pico do Arieiro (1818 m), accesible por carretera y con vistas que te dejarán sin aliento.
Consejo: Madruga , el Pico do Arieiro es uno de los mejores lugares para fotografiar el amanecer en Madeira.
Nosotros no la pudimos hacer porque estaba cortada y cambiamos el plan por un día de relax en Machico, que buena falta nos hacía después del tute que nos metimos los días anteriores para ver todo eso en el puente de Todos los Santos.
Día 5: Costa este
Machico
Nosotros escogimos este lugar cercano al aeropuerto para pasar el último día, y también la última noche ya que tiene bastantes opciones tanto de alojamiento como de restauración.
¿Sabías que Machico es la segunda ciudad más poblada de la isla y que fue su primera capital?
Fue aquí donde, en julio de 1419, desembarcaron Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira cuando descubrieron la isla. Por lo tanto, este municipio tiene un simbolismo especial para todos los madeirenses.
Sin embargo, la leyenda cuenta que un siglo antes de este acontecimiento seminal, Ana de Arfet, una dama inglesa, y Robert Machim, un legendario caballero de la corte del rey Eduardo III de Inglaterra, habían encontrado refugio aquí. De hecho, fue a partir del nombre Machim del cual se denominó a Machico.
Hoy en día, Machico cuenta con una elegante bahía en la ciudad que invita a dar un agradable paseo al lado del mar. Además, cuenta con numerosos miradores, monumentos históricos, playas y espacios verdes.
Su imponente bahía se extiende a lo largo de varios cientos de metros e incluye una playa de guijarros y otra de arena amarilla importada, además de un muelle y un encantador puerto deportivo. Las verdes montañas de los alrededores crean un anfiteatro natural que desciende hacia el mar, haciendo de este lugar uno de los rincones con más encanto de Madeira.
Ponta de São Lourenço
Si tienes tiempo, acércate a la Ponta de São Lourenço, clasificada como Reserva Natural Parcial, ya que cuenta con una rica fauna y flora.
Esta península de 9 km de longitud y de origen volcánico, contrasta con el resto de la isla, goza de un paisaje volcánico sorprendente, con una vegetación baja y sin árboles. Esto se debe al clima semiárido de esta zona, así como a su exposición a los vientos del norte.
La mejor manera de descubrir la riqueza natural y paisajística de esta península es a través de la Vereda da Ponta de São Lourenço (PR8), un sendero de 6 km de ida y vuelta. Para ello, hay que pagar entrada a través del portal SIMplifica. 4,50 € – > 12 años | Gratis – ≤ 12 años
Si te sobra tiempo, puedes visitar una bodega local y probar el mítico vino de Madeira, dulce, aromático y con siglos de historia.
¿Cómo moverte por la isla?
Nosotros alquilamos un coche y creemos que es la mejor opción si tienes pocos días, pero también hay autobuses y muchos negocios que organizan excursiones a los puntos más turísticos.
Pero, si no quieres alquilar coche, Civitatis ofrece una combinación de lo mejor de Madeira en 2 días bastante económica.
Otra de las actividades típicas de la isla es un paseo en barca o lancha rápida para ver ballenas y delfines que puedes reservar desde este enlace.
Consejos para viajar a Madeira en octubre
- Clima: templado, pero lleva una chaqueta ligera para las zonas altas.
- Transporte: lo ideal es alquilar un coche para explorar a tu ritmo.
- Ropa: mezcla de ropa de senderismo y algo más elegante para las cenas.
- Festividades: octubre suele tener eventos gastronómicos y culturales en Funchal y Santana.
Conclusión
Madeira en octubre es naturaleza, aventura y calma. En cinco días puedes descubrir montañas, bosques, acantilados, playas y pueblos con alma. Nosotros nos quedaríamos más para ver todo con más tranquilidad y poder hacer más rutas, ya que la consideramos el paraíso del senderista.
Aunque en Madeira no importa si buscas senderos, miradores o buena comida: esta isla portuguesa tiene la magia de enamorar a cada viajero que la pisa.