Albania se encuentra en el sureste de Europa, en la parte occidental de la península de los Balcanes. Tiene una superficie de unos 28.748 km² y limita con Montenegro al norte, Kosovo y Macedonia del Norte al este y Grecia al sur. Su costa está bañada por los mares Adriático y Jónico, frente a Italia.
La capital es Tirana y el idioma oficial es el albanés, aunque no tuvimos problemas para comunicarnos en inglés. Los alojamientos, salvo en las zonas más turísticas de la Riviera Albanesa son baratos y suelen incluir un desayuno abundante.
Es un país de paisajes muy variados, con montañas, lagos y una extensa costa mediterránea, lo que permite combinar en un mismo viaje turismo cultural, naturaleza y playa.
💰 Moneda y cambio
La moneda oficial es el lek albanés (ALL). Aunque en algunos establecimientos turísticos pueden aceptar euros, lo habitual es pagar en moneda local, especialmente en comercios y pequeños negocios.
El cambio fluctúa, pero como referencia, el 30 de julio de 2026, 1 € equivalía aproximadamente a 93,57 lek según el Banco de Albania. Por tanto: 1 € ≈ 100 lek
Albania de norte a sur: playas, pueblos de piedra y termas en un viaje inolvidable
Albania fue uno de esos viajes que nos sorprendieron a cada paso. En pocos días recorrimos ciudades llenas de historia, pueblos de piedra, playas tranquilas, aguas turquesas, monasterios escondidos y termas naturales. Y, sobre todo, descubrimos un país de contrastes que todavía conserva ese punto de autenticidad que hace que viajar por él resulte tan especial.
Tirana: nuestro primer contacto con Albania
Comenzamos el viaje en Tirana, la capital albanesa, donde pasamos el primer día y parte de la mañana siguiente. Es una ciudad dinámica, colorida y llena de contrastes, en la que conviven los restos de su pasado comunista con una ciudad joven y en transformación.

Pasear por sus calles, descubrir sus plazas y disfrutar del ambiente de sus terrazas fue nuestra primera toma de contacto con Albania. Tirana no fue quizá la ciudad que más nos enamoró del viaje, pero sí nos permitió empezar a comprender la personalidad del país.
Berat, la ciudad de las mil ventanas
Después pusimos rumbo a Berat, una de las grandes sorpresas del viaje. Pasamos allí la tarde y la mañana siguiente, tiempo suficiente para recorrer su casco histórico y disfrutar de sus famosas casas blancas de ventanas alineadas en las laderas de la montaña.

Berat es conocida como la ciudad de las mil ventanas, y basta contemplarla desde la otra orilla del río para entender el motivo. Pasear tranquilamente por sus calles empedradas, subir hasta el castillo y contemplar las vistas fue una de esas experiencias que hacen que el viaje empiece a tomar otro ritmo.
Vlore, Narta y el monasterio de Zvernec
Desde Berat continuamos hacia Vlore, donde hicimos una parada para comer en Narta Beach donde pasamos la tarde disfrutando de la playa y de un ambiente mucho más relajado.
Al atardecer nos acercamos hasta Zvernec, una pequeña isla conectada con tierra firme por una pasarela de madera.

Allí se encuentra el monasterio de Shën Mëria, rodeado de vegetación y con una atmósfera realmente especial. Llegar al monasterio al final del día, cuando la luz empezaba a cambiar, fue uno de los momentos más bonitos de esta etapa.
Esa noche dormimos en Himarë, mucho más turístico, pero con un montón de chiringuitos en la playa llenos de ambiente que atraen cada año a gran cantidad de gente.
Aprovechamos para cenar en un restaurante en el que nos sorprendió que tuvieran Estrella Galicia de barril y nos fuimos a descansar para continuar al día siguiente por la Riviera Albanesa.
Qeparo: nuestra playa favorita
La mañana siguiente la dedicamos a Qeparo Fushë, una playa tranquila que encajó perfectamente con lo que buscábamos. Encontramos dos hamacas y una sombrilla por 10 euros durante todo el día, así que no tuvimos ninguna duda: aquel era el lugar perfecto para parar y simplemente disfrutar.

Comimos allí mismo, en Aloas Beach Bar, y pasamos buena parte del día entre baños, descanso y el sonido del mar. Después de varios días recorriendo el país, aquel pequeño paréntesis de tranquilidad fue más que bienvenido.
Por la tarde continuamos hacia Saranda. Paseamos por la bahía y disfrutamos de sus bonitas vistas, pero la ciudad nos pareció demasiado turística y, al caer la tarde, decidimos continuar nuestro camino.
Gjirokastra, una de las grandes sorpresas de Albania
La decisión no pudo ser mejor. Al anochecer llegamos a Gjirokastra, una preciosa ciudad de piedra que nos encantó desde el primer momento.

Sus calles empedradas, sus casas tradicionales y su ambiente hicieron que quisiéramos quedarnos. Pasamos allí también el día siguiente y visitamos su impresionante castillo, desde donde se obtienen unas magníficas panorámicas de la ciudad y del valle.
Gjirokastra fue, sin duda, uno de nuestros lugares favoritos de todo el viaje.
Përmet y las termas de Ura i Kadiut
Desde Gjirokastra continuamos hacia Përmet, donde paramos para comer después de visitar el pueblo y su enorme roca, uno de sus elementos más característicos.
Pero lo mejor estaba todavía por llegar. Nos dirigimos hasta Ura i Kadiut, donde cruzamos el antiguo puente otomano y nos acercamos a las termas naturales. Allí pudimos relajarnos un buen rato en las aguas termales, rodeados de naturaleza.
Fue una de esas paradas que no necesitan grandes monumentos ni planes complicados: simplemente disfrutar del paisaje, del agua y del momento.
Korçë y el lago Ohrid
Esa noche dormimos en Korçë, una ciudad que recorrimos durante la mañana siguiente. Su ambiente, sus calles y su arquitectura nos ofrecieron una perspectiva diferente de Albania, alejándonos ya de las zonas costeras más turísticas.
A la hora de comer hicimos una nueva parada en Pogradec, a orillas del impresionante lago Ohrid. Antes de continuar nuestro viaje nos acercamos hasta Drilon, una zona verde y tranquila junto al lago que merece mucho la pena visitar.
Desde allí continuamos nuestro recorrido hacia las fronteras de Macedonia del Norte y, posteriormente, Sarajevo, antes de emprender el camino de regreso.
Krujë, la última parada
Como última etapa del viaje hicimos una parada en Krujë, poniendo así el broche final a nuestro recorrido por Albania. Después de tantos kilómetros, pueblos, playas y paisajes, llegábamos al final con la sensación de haber conocido un país mucho más diverso de lo que imaginábamos.

Albania nos dejó precisamente eso: la sensación de haber descubierto un destino lleno de contrastes, todavía con rincones tranquilos donde perderse. Desde las calles de piedra de Berat y Gjirokastra hasta las playas de la Riviera, pasando por monasterios, lagos y termas, el viaje fue una sucesión de pequeños descubrimientos.
Y quizá lo mejor fue comprobar que, en Albania, muchas veces los lugares que más recordamos no fueron necesariamente los más famosos, sino aquellos en los que simplemente paramos, nos sentamos y disfrutamos del momento.
Curiosidades sobre Albania
Nos llamó la atención cómo conducen, las carreteras no están mal, pero no respetan las señales, se inventan un tercer carril en medio cuando les apetece adelantar, da igual si hay línea continua o no. Por eso, os aconsejamos coger un seguro a todo riesgo en caso de alquilar coche.
¡Ah! Y el diésel/gasolina está bastante caro (unos 170 o 175 LEK /1,70 o 1,75 euros de media. Nosotros llenamos el depósito a 173 y pagamos casi 95 euros).
Nos encantó el hecho de que hubiera gente vendiendo fruta en todos lados (playas, sitios turísticos, carreteras…)
No les gusta que se pague con tarjeta, eso sí aceptan euros en casi todos lados, por lo que os aconsejamos llevar dinero en efectivo.
