Castrillo de los Polvazares es unos de los pueblos más bonitos de España. Está situado en la provincia de León, a tan solo 7 km de Astorga.
Es conocido por ser uno de los pueblos por los que pasa el camino francés a Santiago de Compostela.

Los habitantes de Castrillo de los Polvazares eran, en su mayoría, arrieros maragatos. Sus casas se construían y organizaban en función de su actividad, con grandes portones para permitir el paso de carros y amplios patios interiores en torno a los que se organizaban las distintas dependencias de las viviendas, entre ellas almacenes, cuadras o bodegas.
El pueblo se trasladó a su ubicación actual en el siglo XVI, reconstruyéndose tras unas riadas que asolaron su núcleo original situado en un emplazamiento más expuesto. Su época de mayor prosperidad fue el siglo XVIII, cuando en el pueblo se construyó un mayor número de casas y se empedró la calle principal para facilitar la circulación de los carros.
¿Qué hacer un día en Castrillo de los Polvazares?
1. Recorrer la Calle Real
La calle Real es la arteria principal que atraviesa Castrillo de los Polvazares, pero sin duda alguna, una de las mejores cosas que puedes hacer, es pasear por sus calles empedradas y contemplar sus hermosas casas blasonadas que hicieron que fuese declarado conjunto histórico artístico por conservar íntegra su arquitectura popular.

Fíjate en la piedra y arcilla roja de sus fachadas que contrasta con los vivos colores de los portones y ventanas: azules, verdes y blancos.
2. Comer un cocido maragato
¿Sabías que este delicioso plato se come al revés que el resto de cocidos españoles?
Esta costumbre no está muy clara, ya que según una de las teorías, su origen data de la guerra, de cuando se alimentaba al soldado empezando por la proteína, en este caso la carne, por si el enemigo realizaba un ataque sorpresa, el alimento ingerido en primer lugar era más contundente y suficiente para la contienda. A continuación comían las legumbres, que proporcionaba al soldado el alimento necesario para continuar su deliciosa comida, y si con suerte se llegaba al final, el caldo de la sopa les hacía entrar en calor, obtener los hidratos de carbono de los fideos y el agua necesaria.
Otra teoría más fidedigna habla de la ingesta en este orden por tradición arriera. Cuando los antiguos maragatos arrieros recorrían España, siempre llevaban consigo porciones de carne de cerdo cocida, que comían antes de pedir algo caliente que llevarse al cuerpo. Es por ello que se extendió la costumbre en esta comarca de degustar el cocido maragato de esta manera.
Sea cual sea el origen, es un plato delicioso y contundente, que nos lleva al siguiente punto para bajar la comida.
3. Dar la vuelta a Castrillo de los Polvazares
Hay un pequeño recorrido que rodea al pueblo, ideal para hacer después de comer. Podéis aprovechar para cruzar el puente viejo sobre el río Jerga.
Aunque si os gusta caminar, a 20 km, en Foncebadón, podéis hacer la ruta de la cascada de la Fervencia que merece mucho la pena.
¿Dónde comer?
En Castrillo de los Polvazares hay un montón de restaurantes, incluso algunos recomendados por la Guía Michelín.
Nosotros comimos en el que aparece en la foto que se llama Entrepiedras, en una antigua casa arriera, que tiene una bonita terraza en la que pudimos comer con nuestra perra y os podemos asegurar que todo lo que pedimos estaba buenísimo y la atención fue excepcional.
Si no os apetece cocido, os aconsejamos la cecina marinada y el rabo de novilla con salsa de almendras y de postre, la tarta de chocolate con mermelada de frutos rojos, una especie de coulant casero que está buenísmo.
